Dentro del día.
Tres espectáculos seguidos.
Casi sin pausas, sin comida, sin tiempo.
Todo se mezcla: los cuerpos, el polvo, el sudor y la luz de los focos, y en medio de todo eso ya no queda tiempo para fingir, es imposible ser alguien distinto de uno mismo.
Cada número es una respiración, cada salida al escenario —una confesión.